El poeta Maireles era tan buen amante de los libros, que guardaba todos sus ahorros dentro de esos
maravillosos objetos, los mismos que iba colocando con pulcro orden en las estanterías de su despacho.
El amanecer precioso del veintitrés de Abril, Día del Libro, mientras el poeta dormía plácidamente,
unos desalmados ladrones asaltaron su casa, lo único que quedó intacto fueron los libros, el dinero.
José Cantabella

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