La vida es dulce, como invitar a tus amigos foráneos a degustar el postre típico de tu ciudad. 
Pero lo que la hace especial es, sin duda, ese punto de humor ácido que nos sorprende diciéndoles
que “se come todo, todo”, para acabar riéndonos a carcajadas al percatarse de la trampa. Y entonces
descubrí que la vida era eso... un perfecto paparajote.
Marta N. Hortal
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