La Fea Burguesía

La gran obra de Miguel Espinosa en edición numerada y limitada

Con La fea burguesía, Miguel Espinosa no ha venido a apaciguar conciencias, sino a escandalizarlas. Las palabras del escritor pretenden ser una contundente advertencia acerca del Mal que anida en la cotidianidad y en la norma; y —si bien la lectura de la obra estudiada nos resulta grata como creación literaria— también provoca en nosotros honda inquietud, por lo que de trascendente y terrible tiene lo que en sus páginas nos ha sido revelado. Una buena lectura de La fea burguesía debería tener como resultado —en quien ha sido su lector— un deseo, por amor a la verdad, de ir más allá de las apariencias que le cercan a diario. Nuestra mirada sobre el mundo ya no será la misma que tuviéramos antes; la realidad se muestra ahora ante nosotros dotada de nuevos matices y de una mayor complejidad.

María del Carmen Carrión

LA FEA BURGUESÍA de Miguel Espinosa

Edición limitada consta de 100 ejemplares numerados del 1 al 100, más otros 25 ejemplares no venales numerados del I al XXV. ISBN: 978-84-942646-0-3 Formato: 13,5 x 21,0 cm. Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta. PVP: 20 €

Miguel Espinosa GironésMiguel Espinosa (Caravaca, Murcia, 1926-1982) Licenciado en Derecho, trabajó en negocios de comercio exterior, y como asesor jurídico de varias empresas. Miguel Espinosa hizo de la literatura una cuestión de carácter, de destino. Es uno de los grandes escritores españoles del siglo XX, clásico por la forma, y moderno por el espíritu, crítico, que le anima. Obra publicada: Reflexiones sobre Norteamérica Escuela de mandarines Tríbada. Theologiae Tractatus Asklepios, el último griego La fea burguesía           Historia del Eremita  

Dijo Camilo: – Yo soy, Godínez, el hombre de traje de gala, los hombros altos, la mirada fría, el gesto agrio, la voz ahuecada, la palabra vacía, el vaso en la mano; encarno la irrealidad que gobierna, la avidez de goces, la exterioridad sin intro, la ausencia de qualitas, el tedium de ser, el temor a la verdad; me vivifico en el desprecio, en el desinterés, en el desamor y en el odio por lo creado; me entrego a la inmediatez del capricho y aborrezco toda reflexión; lo débil y lo vencido me repugnan; no laboro, no me afano ni esfuerzo: recojo sencillamente lo dado por mi benefactor, que se llama Estado.

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