«Si la vida fuese un paparajote, tú serías la hoja de limonero…» 
A Julia siempre le había pesado aquella frase que su abuelo solía repetirle. Le pesaba porque
era un recordatorio de su desdicha: sentía que, como la hoja, ella siempre estaba ahí, pero todo 
el que pasaba por su vida la tiraba sin llegar siquiera a probarla. Desgraciadamente, nunca se fijó
en los ojos de su abuelo cuando le decía aquello, porque en ellos habría podido leer la coletilla
«…porque, como la hoja, tú eres quien marca la diferencia».
Yaiza Martínez Pintado
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