Paparajote

Concurso de microrrelatos
Leer microrrelatos

La Fea Burguesía Ediciones se suma a la campaña de apoyo a la entrada en el diccionario de la RAE de la palabra murciana paparajote.

El paparajote, una palabra deliciosamente sonora, tiene doble acepción: como dulce y patatús. Como dulce, el paparajote es el postre más típico de la huerta de Murcia. Consiste en una hoja de limón que se baña en una masa compuesta de harina, huevo, azúcar, leche y ralladura de limón. Una vez frito en aceite, se espolvorea con azúcar y canela.

La palabra paparajote también se utiliza en algunas zonas para indicar un estado de desmayo.

En apoyo a esta palabra, la editorial murciana La Fea Burguesía convocó un concurso de microrrelatos y estos fueron los textos participantes.

¡La hoja de este paparajote se lee!

Lee aquí los microrrelatos que participaron en el concurso

Os presentamos a Andrés Ruiz Sanz, ganador del Concurso de microrrelatos “Paparajote”

Os presentamos a Andrés Ruiz Sanz, ganador del Concurso de microrrelatos “Paparajote”
Andrés Ruiz Sanz, (Lorca, 13 de marzo de 1990) es un joven empresario que reside en Lorca. Presidente de la Asociación cultural y deportiva Stevia, es miembro del movimiento de autores lorquinos GL21.

Hasta el momento, ha publicado cuatro novelas y una obra de teatro, además de diversos poemas y relatos que aparecen en antologías.

La tía Santa

Fuensanta tiene ochenta años, viuda, menuda y saludable. De sonrisa bonachona. Sin estudios, pero con inteligencia natural.
Vive en la huerta, la conocen por la tía Santa. Tiene unos limoneros, envidia de todos.
– ¿Cómo tienes así los limoneros?
– Les canto todas las mañanas, son como mis hijos.
Cuando sus nietos van a comer, ella elige las hojas más hermosas de éstos y les prepara unos paparajotes que quitan las penas.
– Abuela, los paparajotes ya están en el diccionario –le dice la universitaria.
– ¡Jesús! Juraría que los había dejado en la fuente de siempre.
Lucía Abadía Giménez

Microrrelato ganador del Concurso de microrrelatos “Paparajote”

Como saben, la editorial murciana La Fea Burguesía Ediciones convocó un concurso en apoyo a la entrada de la palabra “paparajote” en el diccionario de la RAE. Nos sorprendió la fantástica acogida de nuestros lectores a través de más de 50 microrrelatos relatos con puntos de vista y temáticas muy diversas que hemos ido publicando durante las últimas semanas.

La mujer que sabía cómo se come

La mujer desliza la lengua, de arriba abajo, de abajo arriba, y siente las enervaciones y sinuosidades de esa masa que ocupa toda su boca. Cierra los ojos para concentrarse en el regusto dulzón con un deje amargo que le arde en el paladar. Entonces, de golpe, abruptamente, la introduce entera en la boca y sorbe con fuerza. Utiliza los dientes en su justa medida: no llega a morder pero los hace notar.

El hombre de la mesa vecina del restaurante, al borde del paparajote, no le quita ojo de encima: Santo Dios, esa mujer sabe cómo comerse un paparajote.

Juan José Lara Peñaranda

Vi en el mostrador

Vi en el mostrador una vitrina con variados pasteles y dulces, así que cuando volvió el camarero le
pedí sin especificar “tráigame de esos”.
No distinguí aquellas cosas negruzcas afritadas y con polvos blancos por encima, pero después de
medio siglo trotando por el mundo no me sorprendía ya nada de lo que comía.
Cuando lo metí en la boca y mis dientes apretaron la hoja de limonero, fue como una explosión de
recuerdos.
De pronto recordé a mi abuela friéndolos y las risas y las alegrías que invadían a todos, lo fácil y
sencillo que eran las cosas.
Aquel sabor entre exquisito y nostálgico hizo que salieran mis lagrimas, “paparajote”.

Joaquín

Mi única necesidad

Paparajote: Postre típico de los murcianos/as. Formado por una hoja de limón recubierta de masa con
canela.

No nos quedemos en esta simple definición inexistente. Porque el paparajote nos da la vida a todos
los murcianos, la alegría del buen comer, las ganas de salir a la calle en plena primavera para poder
degustar tan preciado manjar.

Porque su sabor es intenso como el calor de verano, su apariencia preciosa como las calles de nuestra
Murcia, porque su elaboración es tradicional como nuestros huertanos. ¡Acho porque es nuestra
cultura! terminó diciendo “el servidor”.

Constantino Abenza Olmos

Ya estaba harto

Ya estaba harto. Esta vez iba a ser la definitiva. Mezclaría los orfidales, con el diazepán y un buen
lingotazo de guisqui. No tendría que preocuparse más por las miradas de soslayo, con las sonrisas
condescendientes, con el disimulado desprecio de todos a los que él quería gustar. Saboreaba la
victoria del día que ya no amanecería para él: era buen chico, dirían, no vimos sus ojos verdes,
sollozaban, somos culpables, sois culpables, malditos, llorad, llorad… El timbre rasgó la mañana.
-Hola, cariño.¿Qué haces así a estas horas? Calienta café: la abuela ha hecho paparajotes.

Rosa Mª López

Dulces sueños

Era la mujer de mi vida.
Quedé con ella.Aquella tarde de fiestas cuando la vi me dio lo mismo que lo que después tomamos de
postre.Ella la mujer más guapa del mundo, yo tan nervioso que oía el pum-pum de mi corazón.
Tomamos unos vinos y para finalizar unos paparajotes.Le dije tienes azúcar junto a la boca, me dijo
quítamela.
Los vinos,mis nervios y sobre todo mi amor hicieron que juntara mi boca con la suya, mi lengua
paladeó un dulzor con gusto a limón.
¡Qué suerte! Coincidió con el mejor de mis deseos soñados.

Fernando Noguera Méndez

Tristes hojas.

Siempre que llega esta fecha me acuerdo de ella. Desde que era pequeña íbamos juntas a ver el Bando
y cuando regresábamos a casa me tenía preparada una fuente de paparajotes ¡qué buenos que los hacía!
Pero desde que no está a mi lado todo es diferente.

Ya no tengo la misma ilusión que tenía cuando llegaba esta fiesta. Ahora todo me recuerda a ella.
Pero lo peor es que desde entonces no los he comido. Mil veces lo han intentado mi madre, mi tía…
pero ninguna sabe hacerlos como ella.

Ojalá volvieses, abuela. Te echo muchísimo de menos

Celia González Andreo

Relato con ayuda

Llamé por telefono a mi cuñada:hazme paparajotes que tengo que presentar un relato.
Me contestó ¿quequé?pero me preparó un plato lleno.
Cuando ya me había comido unos cuantos me llamó para preguntarme como estaban.
Le dije bien buenos, pero dime algo más con lo que poder llegar a cien palabras en el texto que
llevamos entre manos.
A su respuesta de “je,je”siguió con ¿qué pensaba hacer mañana y que cómo estaban los crios?.Le dije
adiós y me quedé pensando en qué escribir para ultimar ese relato con sabor a hoja de limón.

María Luisa Soler Ródenas

Alquimia

Relámpagos atronadores se hacían notar, mientras Tomasa, con una habilidad innata mezclaba los
ingredientes siguiendo la formula familiar. Se esmeraba en conseguir el sabor perfecto: dulce
delicado, masa no empachosa, toque de canela y sutil sabor a limón. Como todos los años, en la
noche de difuntos, pensaba llevarlos a la mesita de noche junto a la vela encendida. A su Ramón
le volvían loco. Se perfumaría y esperaría su llegada en la cama inmaculada, pero un relámpago
cercano iluminó la ventana que daba al huerto, vio a Ramón mirándola con deseo. Le dio un paparajote
y cayó al suelo.

Rafael Hortal Navarro

El feo

Sí, como te lo cuento. Me ha vuelto a pasar, todos me han tomado por rancio. Pero es que no puedo con
los tópicos, salto como un resorte.
Empezando por el Bando, nunca hubo tantos huertanos y tan poca huerta. Y siguiendo con los paparajotes,
tan murcianos, aunque últimamente el limón del arroz esté criado en Argentina.
¿Cuántos murcianicos han leído a Miguel Espinosa, su Escuela de Mandarines o su fea burguesía?
¿Cuánto nos queda por conocer de Murcia y de los murcianos? ¿Lo conoceremos alguna vez?
Pues eso, que no he sido “la alegría de la huerta”.

José María Gómez Manuel

La novia de mi tío

El tío Luis regresó a Murcia por vacaciones. De su mano llevaba a una chica rubia, como el canario del abuelo Tomás, aunque su trino no era tan fino, ya que cuando abría la boca parecía más bien que estaba comiendo gachas.
La comida de bienvenida resultó alegre y divertida. Mi madre, como siempre, dicharachera, le explicó «en indio» en qué consistía aquel postre. «Pajarote», decía. «PA-PA-RA-JO-TE», le contestaban. Y nosotros como niños, expectantes, no queríamos perdernos el instante en que diera el primer bocado.
Ana María Albaladejo García

De Murcia al… DRAE

El mundo de las palabras es ejemplar, todas se quieren y se respetan. Les gusta, eso sí, mejorar su
estatus, por lo que un grupo de ellas, murcianas, lideradas por el original e inigualable paparajote,
ha iniciado un movimiento para entrar en el Diccionario de la Real Academia. En el grupo están los
típicos michirones, el entrañable y navideño cordial, el suave y dulce hablar abonico, así como el
encantador clisarse en los momentos de descanso. El líder, paparajote, ya ha conseguido entrar y,
desde dentro, hará todo lo posible para que las demás lo hagan a no mucho tardar.

Juan José Navarro Avilés

Confusión

Recuerdo a mi abuela alargando su mano huesuda hacia mi cara ofreciéndome un paparajote y mi
negativa inmediata a aceptarlo haciendo un mohín eléctrico. No entendía qué clase de
irresponsabilidad movía a mis familiares a comer con tanta fruición aquel postre que siempre hacía
mi abuela. De hecho sufría al verlos comer. Y me encerraba corriendo en mi habitación esperando la
mala noticia. Yo también los había probado antes y me gustaban mucho pero desde que mi pobre abuelo
murió víctima de eso, de un paparajote, temía por mi vida y por la de los que los comían.

Manuel Nicolás Andreu

¡Repetimos!

Que con este sí…que con el otro no…que si ellos con aquellos…que ni con estos, ni con los otros
tampoco..
Como no se han puesto de acuerdo, se convocan nuevas elecciones.Cuando lo oyó le dio un pararajote…
No se lo podía creer que los dirigentes no hayan pensado en el bien común de los ciudadanos, sólo han
pensado en ellos, en el reparto de cargos: presidencia, vicepresidencia, ete…
Así que, otra vez hay que repetir las votaciones. Con los escasos que están los presupuestos.. ¡con
lo bien que vendría ese dinero para mejoras sociales!

Ana Carmen López López

Pesquisas

Supongamos que los creó al sexto día. Siguiendo el consejo de la serpiente, Eva tomó el fruto del
limonero y usó la hoja para almorzar una masa especiada de huevo y cereales.

Diremos que Adán, hambriento, le arrebataría el bol en un forcejeo. Se sospecha que en la trifulca
la hoja rebozada terminó en la hoguera. Del olor a canela que brotó del fuego se deduce que la hoja
fue rescatada… El azúcar, impregnado en los cuerpos, es indicio de su entrega a los placeres
carnales.

Y viendo Dios el resultado de sus creaciones, le dio un paparajote.

María Fabregas Gollonet

La vida era eso

La vida es dulce, como invitar a tus amigos foráneos a degustar el postre típico de tu ciudad.
Pero lo que la hace especial es, sin duda, ese punto de humor ácido que nos sorprende diciéndoles
que “se come todo, todo”, para acabar riéndonos a carcajadas al percatarse de la trampa. Y entonces
descubrí que la vida era eso… un perfecto paparajote.

Marta N. Hortal

El gatillo

Cayó en la cuenta de que la escopeta se había atascado. Ante la necesidad de trabajar, cualquier
oficio era bueno…, y no era cuestión de dar mala imagen en estos difíciles tiempos tras la guerra.

-¡Qué pasa Palazón, coño!

-… No lo sé señor… Se ha atascado –dijo intentando pedir perdón con la mirada…, tal vez suplicando
que se lo tragara la tierra.

-¡No me jodas cojones!¡Hace frío y me quiero comer los paparajotes calientes!

Milagrosamente, el gatillo había cedido. El suspiro de alivio contrastaba con la tensión del momento.
Un día más, una ejecución bautizaba el día.

Emilio del Carmelo Tomás Loba

Accidente en la cocina

Romy fue hacia la cocina.

Advirtiendo la presencia de humo, el robot hizo unaltoantelateladelaentrada y conmutó la orden “adlant” por la de “detn-t”.

Emitió un chasquido, que se mezcló con el crepitar de algo que, además, olíalimón.

Marina vio a la máquina quieta, indecisa: “¡mamá!, Romy ha venido” “Acércalo, cielo, que registre la receta de la abuela”

La niña, presurosa, lo empujó con sus manitas hacia el interior.

“Toma, Romy”, dijo la madre, acercándole un paparajote. El robot, al parecer por los efluvios del aceite, se desplomó.

Francisco Javiér García López

Ida

Se fue. Dejó la puerta entreabierta, la que da al jardín. El sol estaba justo en medio del día cuando lo confirmé. La perra daba vueltas alrededor de la casa, no reconocía ningún aroma amigo. El tiempo es un tsunami de la memoria, seco, tsunami desértico en esta ciudad. Chisporrotearon mis ojos cuando la vecina radar disimuló su alegría por su marcha. El gesto leve de la comisura de los labios, un ligero alzamiento maligno de sus cejas. El olor del limón vino a repoblarme al cruzar la cocina. El último paparajote caía en los picos de tres gorriones.

Violeta Nicolás.

Casi me da un paparajote

Casi me da un paparajote cuando un amigo me dijo que la RAE iba a incluir, y difundir, esta palabreja.
Reconozco que la desconocía hasta hace unos años; soy de tierra de labradores, muy lejos de los verdes
valles de limoneros de la huerta de Murcia…y si, compro limones ( me dijeron que los murcianos de
por aquí no lo hacen nunca – pero no sé si será leyenda ); que los cogen de sus huertos, o de los del
vecino.

P.D. Desde que los descubrí, los adoro, con mucha canela y café de puchero.

Manuela Sánchez Ibáñez

Acho el del Paparajote de oro

Un despistado y desordenado joyero granaino se tropezó con una tierra tan calurosa, como el peor día de su añorada Andalucia. Con la picardía que da el hambre, no se le ocurrió otra cosa que utilizar hojas de limonero rebozarlas en oro y llamarle paparajote de oro.
Sin ser consciente de la repercusión y del valor que tenía para unos ciudadanos que le resultaban tan ‘marcianos’ como insiste mi corrector, se vio envuelto de ‘panocho’ en exaltaciones huertanas y como colofón: un amable gasolinero reconociendo su cara le dice”¡Acho el del paparajote!”.

Guillermo Sánchez Rubio

La canela me embadurna…

La canela me embadurna la comisura de los labios. El ansia me invade. El aroma de la hoja de limonero,
al resbalar entre mis dientes, se esparce a mi alrededor. Mis ojos bizquean al vigilar la masa
mordida. Después saltan al cuerpo tendido de ella. El pulso me tiembla. Descubro una pequeña mancha de
sangre entre el azúcar. La ignoro. Sigo devorando con un masticar ruidoso. Desvío de nuevo la vista
hacia el cuerpo tendido. La quería, no puedo decir que no. Pero nadie prueba mi paparajote. ¡Hasta ahí
podíamos llegar!

Pablo de Aguilar González

Como un suspiro

Extrajo suavemente la hoja de la rama, poniendo especial cuidado en no quebrarla, como si se tratara de una valiosa y frágil porcelana. Había estudiado los viejos limoneros durante horas, buscando la hoja más bella y tierna con la que elaborar el más delicioso paparajote.

La colocó en las manos extendidas de Marta.

-Gracias-le dijo ella-¡Es maravillosa!

Tomó su cintura entre las manos y la besó. Y al calor del abrazo bañado del sol de primavera, la hoja del paparajote voló entre suspiros, suspendida en el aire de un dulce deseo de canela y limón.

Jesús Barrero Flórez

Solo

Su mirada me atravesó como un puñal de hielo. Comprendí, sin entender. No necesitó explicación: supe
perfectamente que todo había terminado. Alrededor, otras personas comían y disfrutaban de un día de
fiesta de primavera. La barraca estaba que no cabía un alma. Y yo me sentía solo y abatido en medio
del griterío. Todo giraba y giraba en una nebulosa galáctica; ella y yo, en medio. Bebí un sorbo del
café de olla y, con suavidad, chupé el paparajote hasta notar en mi lengua el roce rugoso de la hoja
de limonero. Después, ya solo la nada.

José García Medina

Llegados de todas partes…

Llegados de todas partes, el dormitorio se quedaba pequeño. Alrededor de la cama, la mujer y los
cuatro hijos. En una segunda fila, la familia política. Por donde podían, los nietos, irregulares
en su altura y apretados. Caras rígidas y rostros serios pero ninguna lágrima. Un silencio tenso
que rompían los estertores del patriarca, que, en el lecho, respiraba más de lo que sus pulmones
le dejaban. Desde hacía ya un buen rato, esperaban una palabra en el fatídico final que se acercaba
sin un testamento escrito. Abrió los ojos, miro a todos y lo dijo. Dijo “paparajote”. Y murió.

Jan J. Martí

Besos

Con el afán de coger la mejor rana, Fuensanta y sus primos terminaron calaícos vivos, hasta arriba de
barro y verdín.
Al verlos aparecer,la madre, les canta la letanía que rompe la paz.
Conquistada por las caras de haberla piciao de los críos, la abuela aparta parte de los huevos que
tenía batidos para el zarangollo, añade leche y harina . Reboza las hojas de limón en la masa, las
fríe, empapa de azúcar y espolvorea con canela.
Detrás de los geranios, repelados los paparajotes con sabor a besos, aterrizan las hojas desnudas
del limonero.

Carmen Alicia Álvarez Henarejos

El secreto de reunión

No hay mejor antídoto para la resaca que el despertar al olor de la lumbre, ya está hirviendo el agua después del sofrito de conejo con serranas. Y como no ya está la abuela preparando el postre de la huerta para el deleite de sus comensales receta de transmisión oral y práctica.

Cuantas veces le habremos dicho abuela revélanos porque tu paparajote está tan exquisito y en los ventorrillos no me agradan tanto. No te basta con disfrutarlo en reunión familiar donde se consagra nuestro mayor tesoro la familia.

El Artesano de la Palabra

Pesambre, picoesquina y…

¡Perplejidad en el Salón de Plenos!

-¿Qué pasa con la letra p? -se preguntan los académicos.

Primero “petaloso” se coló por su belleza.

Un niño italiano la inventó. Todo un poeta.

Un premio a su profesora que supo ver la promesa que encerraba esta palabra.

Después “puertorriqueñidad”, con todas las vocales.

Grande fue el aplauso de bienvenida a esta nueva palabra en Puerto Rico.

Recién estrenamos “paparajote”.

Esconde una partitura musical condensada en cinco sílabas.

También un cachito de naturaleza en su interior.

Es dar un primer mordisco y… ahí aparece.

Por ello laureamos: ¡Viva la Academia!

Inma Maletas

Pasión huertana

Me parecía extraordinaria la manera de introducirlo en su boca. Nunca había visto a nadie comerlo de forma tan sensual.
Al sacarlo, relamía sus dedos con la misma pasión.
En ninguno de mis innumerables viajes a tierras murcianas vi comerlo con aquella gracia.
Tanta fue mi impresión por la escena que observaba que no pude evitar que en mi cara se reflejara enorme admiración, por lo que una señora próxima a mí, quizás preocupada por mi estado, se acercó y dulcemente me preguntó:
-Caballero, ¿nunca ha comido usted un paparajote?

María Mercedes Cárceles Hernández

El sabor está en la hoja

«Si la vida fuese un paparajote, tú serías la hoja de limonero…»
A Julia siempre le había pesado aquella frase que su abuelo solía repetirle. Le pesaba porque
era un recordatorio de su desdicha: sentía que, como la hoja, ella siempre estaba ahí, pero todo
el que pasaba por su vida la tiraba sin llegar siquiera a probarla. Desgraciadamente, nunca se fijó
en los ojos de su abuelo cuando le decía aquello, porque en ellos habría podido leer la coletilla
«…porque, como la hoja, tú eres quien marca la diferencia».

Yaiza Martínez Pintado

Un paparajote más

Vivió entre naranjos, soñó entre limoneros, se enamoró entre sus flores e hiló con filos de oro mil hojas de azahar. Es ácido y dulce, puro alazán, refinado y meloso como un terrón de azúcar derretido en los labios. Es el sabor de un beso en primavera, tradición de huerta y paladín de su tierra. Es almíbar de limón, crujiente masa dorada, dulce perdición de la natura. Es degustar un paparajote en una tarde de sol de Murcia.

Rocío Sánchez Lajarín

San Paparajote

Era un día de primavera en la bella ciudad de Murcia. Las gentes se habían
emperifollado para la ocasión con sus mejores galas, ya que la ocasión lo
merecía; San Paparajote salía en procesión. Los murcianicos
y murcianicas -al son de la música que un rumano con un acordeón tocaba- no
paraban de bailar alrededor del santo, y a cada paso que daba, el rumano
una saeta le cantaba. Cientos de feligreses lloraban a su paso, y los
ateos, que eran muchos, que digo muchos, más que chinos en China, deseando
que acabara la romería para hincarle el diente.

Alfonso Rebollo

Autosuficiente

Hizo la luz,
y con la luz brotó un manantial que cubrió las tierras,
de éstas germinó el trigo
y de entre el trigo los frutos dorados,
color aceituna, color limón,
la caña de azúcar, color marrón
y surgieron los astros en el cielo para distinguir día y noche; las fiestas, los días, los meses, los años.
Nacieron vacas, nacieron gallinas pues necesitaba leche y huevos. Y así sucedió.
Se olvidó de los hombres,
e hizo bien…
El último día descansó,
y estoy casi segura que un paparajote se comió.

Carolina Rubio Chaves

Contraseña: Paparajote

Llegué a Murcia invitado por un amigo para pasar las fiestas de primavera. Ya en su casa, después
de una estupenda comida “güertana”, su madre me dijo: Tienes que probar los paparajotes.
A lo que respondí sorprendido: papara qué?
Ella me explicó: Se trata de un dulce murciano, un postre con alma de limón aromado de canela.
Lleva una hoja de limonero en su interior que aporta un sabor indescriptible, que se debe extraer
antes de consumirlo.
Quedé impresionado por su delicadeza y frescura.
Tanto me gustó la palabra paparajote que ahora es la contraseña de mi correo.

Francisco Javier Bueno Jiménez

Ese verde secreto

Cuando Zarela vio que su hombre engullía el paparajote de un solo bocado, doblada de risa decía:

-Não, não… A folha a não é comido.

Y repetía chapurreando el español mirando guasona a la concurrencia:

– João: “la folla” no se come…

Uno que pasaba por allí a quien la embriaguez dotaba de valentía apostilló:

-Estos brasileños siempre pensando en lo mismo.

José Marían Sanordevil

Carne de cañón

Se durmió soñando que él también podía volar.
Papá decía que no tenía espíritu; que un hombre no le tiene miedo a nada; que en su familia todos
miran a la muerte a los ojos, sin pestañear.
Pero él bizquea cuando se le pone delante, a pique de darle un paparajote. Además, es alérgico al
pelo del viejo león.
Decididamente, sería el nuevo hombre bala.

Antonio J. Ruiz Munuera

De las afueras

Era una persona de las afueras. Su huerto era su mundo. Acudía a la ciudad, donde anhelaban los productos de su huerta.

Cuando veía ese torrente espeso, denso y opaco, llamado

Segura, le envolvía una pesadilla: “su huerta muerta”. Virgen de Dios, santiguabase ante la virgen del puente, la Virgen de los Peligros, y como siempre encaminabase a esa replaceta de la catedral, llamada Cardenal Belluga, donde gentes a tropel y lugares invadían su actividad visual.

Pero su predicción era esa tienda, “el Paparajote”, donde comprar souvenir y “murcianismos” de esa ciudad criminal, que a su río quería matar.

Jorge Vidal Pujante

La flor y la canela

Los postres estaban sobre los cuerpos desnudos de Él y Ella, un invento traído del oriente a la
huerta murciana. Ginés escogió con su boca una fresa entre los labios de Ella. Fuensanta relamió
el dulce de leche sobre el pene de Él, hasta conseguir el mástil de un bergantín… Así continuaron
saboreando los placeres sobre senos y montes de Venus hasta acabar con las existencias, pero Ella
guardaba un secreto. Cuando abrió las piernas, el paparajote estaba ahí, Fuensanta lo relamió y
excitada por la flor y la canela, le pidió a Ginés que la arrempujara allí mismo.
Rafael Hortal Navarro

Me tenía hechizado…

Me tenía hechizado, embrujado, no sé si enamorado, hasta que se me mostró tal como era: dorada, sabrosa y un puntito crujiente, pero verde y tiesa por dentro, como un paparajote. Y como un forastero de la huerta, cuando quise darle el primer bocado, la boca se me llenó de esa aromática, verde y fresca hoja de limonero, dura, insípida y desagradable como aquella joven que no tenía nada que ofrecer nada más que lo que estaba a la vista.

Enrique Martín Muñoz

Visitante en primavera

Vivir al otro lado del río, entre frutales y tierra de regadío, siempre ofreció privilegio. Sobre todo para quien desde niña, recreaba fantasías acunadas entre prolongados silencios.
Pero si había una época del año que resultaba especialmente fascinante era la primavera. Aquel despertar entre aromas de azahar y claridad deslumbrante, reservaba para los sentidos un sublime galardón.
Mamá escogía y limpiaba cuidadosa, las hojas de limonero más lustrosas esqueleto natural del paparajote. Había que corresponder como”gente de huerta” que éramos a aquella joven polaca llegada del brazo del hermano viajero que supo apreciar eternamente hechizo envuelto en postre.

Gloria Cantero

El desván

Todos los años,por San José, íbamos a casa de mi abuela a comer paparajotes. Era una casita en la
huerta rodeada de limoneros y que tenía un desván, pequeño y polvoriento, al que se accedía por una
trampilla en el techo.
Ese año me rondaba una idea: subir al desván.
Encontré algunos objetos que me hablaban de épocas pasadas, y algo sorprendente: una pistola antigua.
Bajé entusiasmado con mi posesión y mi abuela me contó la historia de esa pistola de la guerra civil.
Así terminó esa tarde con historias antiguas y el deleite de ese dulce postre murcianico.

María carmen Hortal Navarro

El dulce del morisco Ricote

Con brío y alegría cabalgaba Don Quijote portando en las alforjas de Rocinante tiernas hojas de limonero, verdosas, escogidas con devoción. Jamás había probado tan exquisito dulce como aquel paparajote que su fiel Sancho le llevó tras su encuentro con el morisco Ricote, en las bellas tierras de Murcia, allá por el pueblo de Ojós.
—Esta será la ocasión de conquistar a mi amada Dulcinea. Al llegar a Toboso le prepararé este exquisito manjar que endulzará su corazón. Gracias fiel escudero por descubrirme la receta que el morisco te narró.
—No corra tanto mi señor que mi Rucio se cansó.

Rafael Hortal Navarro

Paciencia

La niña agarró la azada de su abuelo, un legado del que estaba orgullosa, y con ella abrió la tierra de igual manera que le había visto hacer tantas veces; incluso las botas pisaban tal como lo hacía él. Apenas podía mover el legón pero continuaron sus golpes contra el bancal. En el bolsillo tenía las sobras del limón, al exprimirlas sus pepitas cayeron en el hoyo recién hecho. Todo quedó cubierto con abono. “«Mengaja, ¿has preparado los paparajotes?», retumbó la voz de su padre desde la barraca. «Enseguida brotarán las hojas, papi, no te impacientes», gritó ella.

Ewal Carrión Díaz

El limonero

En aquél frondoso limonero nadie sospechaba de las batallas que existían
entre limones y hojas.
Los primeros se mofaban de las segundas diciéndoles que ellos eran importantes
por su preciado zumo, mientras que ellas terminaban por los suelos.
Un día, el árbol escuchó a dos hombres decir que la RAE iba a incluir “paparajote”
en su diccionario.
Las hojas comenzaron a reír escandalosamente y les dijeron a los limones: a partir de ahora
vamos a ser tan importantes como vosotros, porque somos las que damos cuerpo a ese postre;
así pues, no vamos a consentir nunca más vuestras burlas.

María Carmen Carrión

La receta

Derramó toda la leche sobre los huevos, y enérgicamente fue incorporando harina y azúcar sin parar,
le habían dicho que batiera, pero prefería remover intensamente en círculos precisos, restregando la
mezcla por los bordillos de manera suave y sugerente… la levadura, ese polvo mágico que hace subir y
subir… Hum… Y el intenso aroma de aquel fruto dorado y también amargo que con solo raspar levemente
su corteza, perfumaba toda la mezcla y reflejaba hilos de color…
Sólo tenía que mojar las hojas, las más erguidas y frescas… el aceite le esperaba… al rojo vivo…

Son paparajotes cariño, toma… Pruébalos…

Ascensión Buitrago Navarro

Con aire grave…

Con aire grave, agitando las blancas sábanas en las carrerillas a su paso, el taconeo de los médicos
por el pasillo presagiaba un trágico desenlace. Por la puerta entreabierta del pabellón veíamos a los
familiares cuchichear con los doctores. Breves silencios y un largo mohín…un sollozo con sordina y
caras largas.
El vecino que tenía de cama, hombre rudo de la huerta, me lo confirmó con pesadumbre:
-¡Así acabaremos todos!
-¿Que ha sido?, ¿es Nicolás?, pregunté.
Alzó la vista hacia las colañas del techo…..
-Debe haberle dao un paparajote…. ¡pobre Colás!

Juan Martínez Acosta

Heroína

Apenas un puñado conoce su historia, una historia agria cómo el limón y dulce como el azúcar, una
historia peregrina que quizá conduce a un sin sentido.
Esta es la historia, la verdadera historia de una heroína.
Nunca tuvo un hogar. Ignorada y denostada por sabios y poderosos, su único destino posible era el
olvido.
Pero lucharon por ella; sólo unos cuantos, unos miles, alzaron su voz y reclamaron vehementes y
entusiastas, justicia para ella. No pudieron negarse. Los eruditos acabaron por reconocer su valía.
Y ahí está ahora paparajote, luciendo magnífica en el gran diccionario de la RAE.

Raúl Ballesteros López

Aquella lluviosa tarde…

Aquella lluviosa tarde, el PAPÁ del niño trataba de explicarle las conjugaciones verbales.
Su hijo no acababa de entender la primera persona del singular del presente de indicativo del verbo
“rajar”. Tras un instante de duda, el vástago digo “yo RAJO”. Premio para el zagal. Desde crío, se
había habituado a beber infusiones con la abuela Eusebia. Por eso, aquella tarde el premio para el
pequeño estudiante consistió en un TE verde de la mejor categoría. Para el padre, por su infinita
paciencia, un buen papajarote y un café de puchero recién hecho.

Fernando H.B.

Vine de muy lejos

Vine de muy lejos, más allá del sol y las vías de tren. Acudí al canto embrujado de las noches
de Murcia, de la Semana Santa de Lorca, de Los Caballos del vino, las máscaras de Águilas.
Me prometió paseos eternos por las arenas de Calblanque, perderme en el pasado de Cartagena,
el Valle del Ricote. El cante jondo de carburo y salitre de las minas, el castillo de Aledo,
las encañizadas del Mar Menor. Y así, frente al Coliseo Romano, la catedral de Murcia, el Palacio
de Guevara, descubrí, paparajote a paparajote, lo que los murcianos más amaban.

Andrés R. Sanz

El porqué de la hoja de limón

Entre las mujeres de mi familia es un postre que concita todos los rencores.
Mi madre los preparó una vez. Papá opinó que su madre los hacía mucho mejor. A la tita Rosa se le quemaron en una cena. El tito la recriminó en público. Mi abuela nunca escuchó a su esposo alabárselas.
Preparan paparajotes cada primavera. Con su masa dulce de harina, leche, huevo y ralladura. Pero para mantener vivos sus pesambres, ellas esconden en su mitad la amargura de una hoja de limón.
Siempre he sabido que fue algún rencor femenino el que hizo nacer esta receta deliciosa.

María José Villaroya

Amor dulce amor

Así de dulce fue la historia de su amor.
Vino a Murcia para estudiar y conoció a Fuensanta, quien con su belleza le nubló el sentío, como decían por aquí.
Cuando se enamoró, le dijo: dame un motivo para quedarme a tu lado y dejarlo todo atrás, mi familia, mis raíces, mi tierra…
Ella no tuvo que esforzarse mucho para convencerlo. Le dijo:
Ven mañana a mi casa que te daré más que eso.
Al día siguiente, puntual a la cita, acudió a casa de su amada.
¿Crees que esto es suficiente motivo? – le preguntó ofreciéndole su mejor paparajote.

Antonio G.T.

El secreto

Después de todo, el misterio continuaba allí, junto al café de olla y los restos de una copiosa
comida. Espolvoreado de azúcar pervivía, presumiblemente por poco tiempo,
el secreto del paparajote. Cómo y sobre todo con qué pericia habían metido la hoja de limonero
dentro?

Antonio Aguilar Rodríguez

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