Con el afán de coger la mejor rana, Fuensanta y sus primos terminaron calaícos vivos, hasta arriba de
barro y verdín. 
Al verlos aparecer,la madre, les canta la letanía que rompe la paz. 
Conquistada por las caras de haberla piciao de los críos, la abuela aparta parte de los huevos que
tenía batidos para el zarangollo, añade leche y harina . Reboza las hojas de limón en la masa, las
fríe, empapa de azúcar y espolvorea con canela.
Detrás de los geranios, repelados los paparajotes con sabor a besos, aterrizan las hojas desnudas 
del limonero.
Carmen Alicia Álvarez Henarejos
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